miércoles, 30 de abril de 2014

Francia, el final de un modelo

Juan Manuel López-Zafran sobre las crecientes dificultades económicas con las que se enfrenta Francia, por el imparable crecimiento del peso y gasto del Estado y de su control de toda actividad. 


Artículo de El Confidencial: 


This time, France rather than Italy or Spain could be where the euro’s fate is decided.
The Economist, 17/12/2012
De nuevo, Francia vuelve a los titulares de la prensa económica por los recortes planteados por su primer ministro D. Manuel Valls. Cifrados inicialmente en unos 50.000 millones de euros en tres años, el objetivo es frenar el deterioro de las finanzas públicas francesas, exhaustas por el enorme volumen de gasto que tienen que soportar y la importante reducción de ingresos que la crisis ha supuesto. El Confidencial publicó un detalle de los recortes previstos.
Se cumplen ahora dos años de la publicación en mi blog de una primera advertencia sobre lo que el programa electoral del actual presidente ("Hollande o el caos"), en el que indicaba lo siguiente:






En El Confidencial me he ocupado en más de una ocasión del problema francés, en concreto en septiembre de 2012, otra vez en octubre, y en enero de 2013. No es algo por tanto que a mis lectores de El Confidencial o a mis seguidores de Twitter les resulte desconocido.
Francia es un país con larga tradición de intervención pública, pero no siempre fue así. Desde la Revolución hasta la Primera Guerra Mundial el gasto público se mantuvo en un entorno de entre el 10 y el 13% del PIB, derivado de las restricciones impuestas por el acogimiento voluntario al sistema de patrón oro, que castigaba los excesos mediante la salida de las reservas de oro del país tal y como señalo en mi libro Retorno al patrón oro (Deusto), vigilando cual perro pastor el ganado político y su siempre asintótica tendencia al despilfarro. Durante todo el s. XIX los gastos de defensa y el servicio de la deuda representaban más del 50% del presupuesto; en 1900, en concreto, representaron un 40% los primeros y un 25% el segundo.
La Gran Guerra supuso una primera elevación, momentánea, en el gasto público hasta casi un tercio del PIB (reconstrucción nacional, excombatientes –que pasaron a representar alrededor de uno de cada ocho francos gastados, la tercera partida en el presupuesto–). Este incremento, como digo, fue momentáneo, pues a pesar de la crisis de los años treinta en 1938 el gasto público se había reducido hasta menos de un 25% del PIB. No pensemos que los administradores estuvieran hechos de otra madera, era simplemente la necesidad de preservar las reservas de oro la que obligaba a los políticos a no gastar de forma irresponsable.
La Segunda Guerra Mundial y la generalización de la Seguridad Social disparan, ya de forma definitiva, el gasto público por encima del 40% del PIB. Las continuas devaluaciones del franco francés no hacen sino agravar el problema (antes de la Primera GM, la relación se situaba alrededor de 5 francos por dólar norteamericano; en el período de entreguerras alcanzó los 118 y en los años sesenta alcanza las 500 unidades por dólar, momento en el que el general De Gaulle decide borrar de un plumazo los dos últimos ceros para crear el nuevo franco y recuperar –ejem– la paridad histórica).
No entienda el lector en las líneas anteriores una crítica a la universalización de la sanidad, pues esa cuestión no es el objeto presente. Simplemente constato que el acaparamiento de funciones por parte del Estado ha sido creciente y paralela a la destrucción de la reserva de valor que el patrón oro suponía. No es de extrañar que el propio De Gaulle a finales de los sesenta pidiese volver a un sistema de patrón clásico o, en su defecto, a uno de lingotes, clamando así contra el decrépito e inflacionista sistema de patrón de cambio que Bretton Woods había instaurado tras la Segunda GM.










Evolución del gasto público francés como tanto por ciento del PIB desde 1960. Fuente: Ministerio de Economía y Finanzas
El crecimiento del gasto público en Francia es constante y sostenido desde los años sesenta, a ritmos que llegan a alcanzar picos de más del 10% en los setenta y que prácticamente no descienden del umbral 2-3% anual acumulativo desde finales de esa década hasta 2010-2011, donde hallamos las menores tasas de incremento anual, un 0,9% el primer año y el 0,1% el segundo. Es decir, que durante más de cincuenta años el Estado francés no ha dejado de crecer jamás. Nunca. En eso puede haber diferencias de volumen con sus vecinos continentales, que en todo caso han seguido sendas paralelas. Desde 1978 el incremento del gasto público en Francia ha sido de más de 11 puntos del PIB. Conviene recordar que las empresas públicas que proporcionan bienes y servicios comerciales como la SNCF (Sociedad Nacional de Ferrocarriles) o La Poste (correos) no consolidan a efectos de la consideración del gasto público total, que sería pues considerablemente mayor.
Las prestaciones sociales, que suponían menos de 20 puntos del PIB en 1978, crecieron paulatinamente hasta alrededor de los 23 puntos en 1985, manteniéndose alrededor de esa cifra, con ligeras variaciones, hasta 2008. Desde entonces supera los 25 puntos de PIB.
La evolución de la deuda pública corre pareja a la del gasto público, con el agravante de la traslación en el tiempo de las obligaciones que el Gobierno contrae. Desde el cuarto trimestre de 1995, el peso de la misma ha pasado del 55% al 93,5%, como pone de manifiesto el siguiente gráfico.










Evolución de la deuda pública francesa como % del PIB. Fuente: elaboración propia a partir de INSEE
En esos menos de 20 años, la parte del PIB no comprometida se ha reducido en más de 10 veces, mientras que ese mismo índice ni siquiera se ha duplicado.









Componentes de la deuda pública respecto del PIB. Fuente: Elaboración propia a partir de INSEE
Desde 1960, el Estado francés ha gastado la friolera de 21,5 billones de euros (en moneda constante), prácticamente el 50% de su PIB, en intervenir en la economía, como puede obtenerse a partir de los datos del Banco Mundial y de la Intervención pública francesa. Seguro que con buena intención, eso no lo discute nadie. Sin embargo, cada vez somos más los que pensamos que tal intervención no ha hecho más que exacerbar la virulencia de la crisis. Ha llegado el momento de replantear el tamaño del Estado, de pensar en sustituir un modelo que se ha agotado. En Francia, por supuesto.

 Pero no sólo allí.

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