martes, 1 de noviembre de 2016

La otra cara de la crisis: el número de nuevas empresas se desplomó a partir de 2007

Domingo Soriano analiza una cuestión de la que no se suele hablar, en la que también salimos muy mal parados en comparación a la OCDE, y que tiene repercusiones negativas para la generación de riqueza, el crecimiento y el empleo.


Artículo de Libre Mercado: 

Un trabajador en su despacho

La imagen de la crisis en España es la de un parado, uno de esos desempleados de larga duración que perdió su trabajo en 2008 ó 2009 y todavía no lo ha recuperado. Y es evidente que su situación es dramática.
Además, normalmente pensamos en ese parado como un empleado por cuenta ajena, que se quedó en la calle porque su empresa cerró o redujo plantilla. Pero hay otra cara de la recesión que no es tan habitual en los reportajes de los medios. Hablamos de los miles de empresarios que han tenido que cerrar su negocio o no han podido sacar adelante la nueva compañía que habían puesto en marcha.
De hecho, los costes de todos esos nuevos proyectos se sentirán durante muchos años. No es sólo que fracasaran en su momento; algunos porque el producto quizás no era del agrado de los clientes y otros por falta de financiación o porque el tsunami se lo llevó todo por delante. Es que la riqueza que se podría haber generado ya no llegará. Habrá otros proyectos que les sustituirán. Pero ya no serán lo mismo.
Hace unos días, la OCDE publicaba su informe Entrepreneurship at a Glance 2016, en el que dedica un capítulo al nacimiento y cierre de empresas a lo largo de estos años de crisis. Pues bien, España es, junto a República Checa, Hungría, Italia y Luxemburgo uno de los cinco países en los que la proporción de nuevas empresas sobre el total más ha caído desde 2007. En aquel año, casi el 40% de las compañías españolas tenía menos de dos años de antigüedad; ahora, apenas superamos el 20%.
¿Y a qué se debe esta disparidad que puede observarse en el siguiente gráfico? (ver diferencia entre el rombo negro con los datos de 2006-07 frente al rectángulo con las cifras de 2012-13).
Pues como explica el informe "principalmente es a causa de la caída en la tasa de nacimiento de nuevas empresas, antes que al incremento en las tasas de supervivencia de las ya existente". Es decir, lo que ha ocurrido no es que los nuevos proyectos hayan fracasado más que antes: la tasa de supervivencia en España era baja y lo ha seguido siendo, pero no ha habido un desplome en este aspecto. En realidad, lo que ha ocurrido es que muchos posibles empresarios no se han atrevido a dar el salto. Miles de buenas ideas potenciales (seguramente, también algunas malas) se han quedado en los escritorios de sus creadores, durmiendo el sueño de los justos.
ratio_nuevas_empresas.jpg

Para España, casi todos los datos recogidos en el informe apuntan en la misma dirección: pocas nuevas empresas y más cierres que nacimientos. Así los autores distribuyen la creación o destrucción de empleo en dos grandes grupos: el debido al nacimiento/cierre de empresas y el que se puede atribuir al crecimiento/reducción de las ya existentes. Nuestro país es el tercero, de los más de 25 analizados en el que un porcentaje más alto de la destrucción del empleo se puede atribuir a las nuevas empresas (o mejor dicho, a las nuevas empresas que no se crearon).
Lo mismo puede decirse de la tasa de supervivencia. Como decimos, esta cifra no ha empeorado tanto en esta crisis, pero tampoco ha mejorado. Y lo necesitamos, porque las cifras dicen que menos de la mitad de las empresas españolas llegan a los cinco años desde su creación. De hecho, sólo en la industria (51%) se alcanza ese nivel. En el resto de sectores -construcción (35%), comercio (40%), restauración y turismo (33%), comunicación (40%)- se está muy lejos de las cifras habituales en los países más ricos de Europa. En Holanda, por poner un ejemplo, más de la mitad de las empresas de todos los sectores celebran su primer lustro de vida.
En realidad, la rotación de empresas y el elevado nacimiento de nuevos negocios (que lleva aparejado normalmente una cifra también alta de cierres) no dice nada por sí mismo. Lo preocupante es que en España la caída en la natalidad empresarial no ha venido acompañada de mejora en la mortalidad, más creación de empleo de las existentes o un crecimiento más rápido. No son datos a los que se preste demasiada atención, pero son muy importantes y tendrán consecuencias en el futuro a medio plazo.

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