domingo, 4 de junio de 2017

Una mente maravillosa nos habla del cambio climático

Muy interesante artículo de  lo que opina una de las mejores mentes de la humanidad (y que ha trabajado en el tema) sobre la cuestión del cambio climático, Freeman Dyson

Artículo de Rankia:
A menudo las voces más lúcidas no se oyen debido al ruido. Penséis lo que penséis del cambio climático, creo que vale la pena saber lo que Freeman Dyson tiene que decir al respecto y meditar sobre ello.

¿Quién es Freeman Dyson?


Probablemente sea una de las mentes más brillantes de nuestra generación, algo nada fácil entre seis mil millones de seres. Es un matemático y físico nacido en Inglaterra en 1923 y nacionalizado estadounidense. Su prestigio en el mundo científico es grandísimo, considerándosele un científico de científicos. Pocos científicos han sido capaces de tener contribuciones importantes a tantos campos diversos de la Ciencia, porque si algo caracteriza a Dyson es que le gusta abordar problemas muy diversos.


En física cuántica tuvo una contribución seminal a la electrodinámica cuántica que debiera haberle valido el premio Nobel de 1965 compartido con Schwinger, Tomonaga y Feynman, que todo el mundo considera que merecía igualmente, de no haber una limitación a un máximo de 3 personas por un descubrimiento. Fue el primero en hacer una aplicación práctica de los diagramas de Feynman resolviendo algunos de los problemas matemáticos que presentaban y desarrollando la serie de Dyson. Fue instrumental en hacer entender a la comunidad física la importancia del trabajo de Feynman, hasta el punto de que Oppenheimer le ofreció un trabajo de por vida en Princeton por haberle demostrado que estaba equivocado.

En matemáticas trabajó en topología y teoría numérica, descubriendo una curiosa relación entre la distribución de los números primos y los niveles de energía de los elementos pesados a través de las matrices al azar.

En astronáutica desarrolló el proyecto Orion de vuelo espacial utilizando propulsión nuclear. Dicho proyecto que llegó a la fase de experimentación, fue cancelado cuando se prohibieron las explosiones nucleares de superficie.

En tecnología nuclear dirigió el desarrollo del primer mini-reactor nuclear para la elaboración de isótopos de uso médico en hospitales.

En física de partículas demostró que el principio de exclusión de Pauli es el responsable de la estabilidad de la materia.

En teoría de juegos ha definido las estrategias iterativas del dilema del prisionero.

En exploración espacial y búsqueda de vida inteligente enunció que las civilizaciones avanzadas deberían ocupar esferas para aprovechar toda la energía de su sol, estructuras teóricas que desde entonces son conocidas como esferas Dyson.

También ha sido presidente del Space Studies Institute, es miembro del grupo JASON de asesoramiento científico del gobierno de USA y ha recibido prácticamente todos los premios importantes a los que puede aspirar un físico y matemático, así como 21 doctorados honoríficos.

En lo que nos importa aquí hoy, Dyson entró a trabajar en 1976 para el Instituto para el Análisis de Energías en Oak Ridge, encargado de evaluar alternativas para los requerimientos energéticos del futuro. Allí trabajó unos años en la división de climatología que estudiaba asuntos relacionados con el dióxido de carbono y el calentamiento global.

Hablamos por tanto de un gigante intelectual. El primer hombre que entendió lo que Feynman decía, con unos conocimientos matemáticos y físicos que superan a la inmensa mayoría de los científicos, y que trabajó como precursor en el primer grupo multidisciplinario de climatología que estudió el dióxido de carbono y el calentamiento global.

Yo he tenido la suerte de conocer y tratar personalmente a grandes científicos, entre ellos varios premios Nobel. Cuando alguien como Freeman Dyson habla, es conveniente escuchar y tratar de aprender. Y vaya si habla. Se despacha a gusto.

Sobre la casta climática


Mis objeciones a la propaganda del calentamiento global no son tanto sobre los hechos técnicos, sobre los que no conozco mucho, sino más bien en contra de la manera en que esas personas se comportan y el tipo de intolerancia a la crítica que muchos de ellos tienen. Creo que eso es lo que me molesta.

Yo estaba involucrado en el estudio del clima en serio hace alrededor de 30 años. Había un grupo llamado el Instituto de Análisis de Energía en Oak Ridge. Lo visité muchas veces, y trabajé con esa gente, y opino que eran excelentes. Y lo bonito es que era multidisciplinario. Había expertos no sólo en la hidrodinámica de la atmósfera, que por supuesto es importante, sino también expertos en la vegetación, en el suelo, en los árboles, por lo que era una especie de mitad física y mitad biología. Y pienso que era un equilibrio muy bueno.

Hace treinta años, hubo una especie de división política entre la comunidad de Oak Ridge, que incluía la biología, y las personas que estaban haciendo estos modelos de dinámica de fluidos, que no incluyen la biología. Estos últimos fueron los que consiguieron la parte del león de dinero y atención. Y desde entonces, este grupo de expertos puros en modelización se ha convertido en el dominante. Salí del campo entonces. No me gustaba la forma en que iba. Me dejó con un mal sabor.

Syukuro Manabe, aquí en Princeton, fue la primera persona que hizo modelos climáticos con dióxido de carbono y eran excelentes modelos. Y él solía decir muy firmemente que estos modelos son muy buenas herramientas para entender el clima, pero no son buenas herramientas para la predicción del clima. Creo que eso es absolutamente correcto. Son modelos, pero no pretenden ser el mundo real. Son pura dinámica de fluidos. Se puede aprender mucho de ellos, pero no se puede saber lo que va a pasar dentro de 10 años.

¿Qué pasa con los modelos?. El problema de fondo es que en el caso del clima, estructuras muy pequeñas, como las nubes, dominan. Y no se pueden modelar de ninguna forma realista. Son demasiado pequeñas y demasiado diversas.

Ellos dicen, "Nosotros representamos la nubosidad por un parámetro", pero yo lo llamo un factor de elusión. Tienen una fórmula, que les dice que si hay tanta nubosidad y tanta humedad, y tanta temperatura, y tanta presión, cual será el resultado... Pero si lo quieren utilizar para un clima diferente, cuando haya el doble de dióxido de carbono, no hay garantías de que sea correcto. No hay manera de probarlo.

Sabemos que las plantas reaccionan muy fuertemente al aumento de dióxido de carbono. En Oak Ridge, se hicieron un montón de experimentos con el incremento de dióxido de carbono y tiene un efecto drástico en las plantas, ya que es su principal fuente de alimento... Así que si cambia el dióxido de carbono drásticamente por un factor de dos, el conjunto del comportamiento de las plantas es diferente. De todos modos, eso es tan típico de las cosas que ellos ignoran. Se están perdiendo totalmente el lado biológico, que es probablemente más de la mitad del sistema real. Es un hecho que ellos no saben cómo modelarlo. Y la pregunta es, ¿cómo es posible que acaben creyendose sus modelos? Pero he visto que sucede en muchos campos. Te sientas delante de una pantalla de ordenador durante 10 años y empiezas a pensar que tu modelo es real. También es cierto que todo el medio de vida de todas estas personas depende de tener a la gente asustada. Realmente, y no sólo psicológicamente, sería muy difícil para ellos salir y decir, "No os preocupéis, no es un problema." Es algo natural, ya que toda su vida depende de que sea un problema. Yo no digo que sean deshonestos. Pero creo que es sólo una reacción humana normal. Es el caso de los militares también. Siempre magnifican la amenaza. No porque sean deshonestos; ellos realmente creen que hay una amenaza y es su trabajo ocuparse de ella. Creo que es lo misma con la comunidad climática, que tienen un tremendo interés en que el problema se tome más en serio de lo que es.

Por supuesto. No hay duda de que el calentamiento está ocurriendo. Yo no creo que sea correcto decir "global", pero sin duda el calentamiento está sucediendo. He estado en Groenlandia hace un año y lo vi con mis propios ojos. Y ahí es donde el calentamiento es más extremo. Y es espectacular, no hay duda de ello. Y los glaciares se están reduciendo y así sucesivamente. Sin embargo, hay todo tipo de cosas que no se dicen, lo que disminuye mi sentimiento de alarma. En primer lugar, las personas en Groenlandia están encantadas. Te dicen que ha hecho su vida mucho más fácil. Tienen la esperanza de que continúe. No estoy diciendo que ninguna de estas consecuencias están sucediendo. Sólo estoy cuestionando si son perjudiciales.

Se habla mucho de las personas que murieron en las olas de calor. Y no hay duda de que tenemos olas de calor y la gente muere. Lo que no dicen es que en realidad cinco veces más personas mueren de frío en los inviernos que las que mueren de calor en verano. Y también es cierto que más parte del calentamiento tiene lugar en invierno que en verano. Así que, en todo caso, es muy favorable tal y como sucede. Ciertamente salva más vidas en invierno de lo que cuesta en verano. Así que ese tipo de argumento nunca se hace. Y veo un sesgo sistemático en la forma en que las cosas se comunican. Cualquier cosa que parece mala se informa, y cualquier cosa que parece buena no se comunica.

Muchas de esto no tiene nada que ver con las actividades humanas. Por ejemplo la reducción de los glaciares, que sin duda ha estado sucediendo desde hace 300 años y ha sido bien documentada. Así que sin duda no se debe a las actividades humanas la mayor parte de ello. Ha habido un calentamiento muy fuerte, de hecho, desde la Pequeña Edad de Hielo, que fue más intensa en el siglo XVII. Eso ciertamente no fue debido a la actividad humana.

Y el más grave de casi todos los problemas es el aumento del nivel del mar. Pero no tenemos pruebas de que esto se deba al cambio climático. Una buena parte de la evidencia dice que no lo es. Quiero decir, sabemos que eso ha estado sucediendo durante 12.000 años, y es discutible cuanto ha estado sucediendo en los últimos 50 años y si las actividades humanas han sido importantes. No está claro si se ha acelerado o no. Pero sin duda, la mayor parte no se debe a las actividades humanas. Así que sería una vergüenza si hacemos enormes esfuerzos para detener el calentamiento global y el mar sigue subiendo. Eso sería una tragedia. El nivel del mar es un problema real, pero deberíamos estar atacándolo directamente y no atacar el problema equivocado.

¿Por qué piensan que el clima del siglo XVIII, lo que ellos llaman el clima pre-industrial, de alguna manera es el mejor posible? En cierto modo es lo que yo llamaría parte de la propaganda, dar por sentado que cualquier cambio es malo.

No se puede describir el clima por un solo número. Esa no es la realidad del cambio que está teniendo lugar en la temperatura actual. El cambio que ahora está pasando se concentra fuertemente en el Ártico. De hecho, en tres aspectos no es global, y creo que es muy importante. En primer lugar, tiene lugar principalmente en el ÁrticoEn segundo lugar, tiene lugar principalmente en el invierno en lugar del verano. Y en tercer lugar, tiene lugar principalmente durante la noche en lugar de durante el día. En los tres aspectos, el calentamiento está ocurriendo donde hace frío, no donde hace calor.

Es un error táctico utilizar a alguien como yo para el trabajo de póster del escepticismo sobre calentamiento global, porque soy fácilmente atacable. Preferiría que el trabajo lo realizara alguien que sea joven y verdaderamente experto. Pero, por desgracia, no ha surgido ningún voluntario. Tengo un montón de amigos que piensan de la misma manera que yo, pero lamento decir que la mayoría de ellos son de mi edad, y la mayoría de ellos no son expertos. Mis opiniones son muy ampliamente compartidas. Yo voy a hacer el trabajo si nadie aparece, pero lo considero como un deber y no como un placer.

Pensamientos heréticos sobre la ciencia y la sociedad


     1. La necesidad de Herejes

En el mundo moderno, la ciencia y la sociedad a menudo interactúan de una manera perversa. Vivimos en una sociedad tecnológica, y la tecnología provoca problemas políticos. Los políticos y el público esperan que la ciencia sepa dar respuestas a los problemas. Los expertos científicos se les paga y se les anima a dar respuestas. El público no tiene mucho uso para un científico que dice: "Lo siento, pero no lo sabemos". El público prefiere escuchar a los científicos que dan respuestas seguras a las preguntas y hacen predicciones con aplomo de lo que sucederá como resultado de las actividades humanas. Así, ocurre que los expertos que hablan en público sobre cuestiones políticamente controvertidas tienden a hablar con más seguridad de la que tienen. Hacen predicciones con seguridad sobre el futuro, y terminan creyéndose sus propias predicciones. Sus predicciones se convierten en dogmas que no se cuestionan. Al público se le lleva a creer que los dogmas científicos de moda son verdades absolutas, y en ocasiones puede ocurrir que se equivoquen. Por eso se necesitan los herejes que cuestionen los dogmas.

Tenemos la suerte de que hoy podemos ser herejes sin ningún peligro de ser quemados en la hoguera. Pero, por desgracia yo soy un hereje viejo. A los herejes viejos no se nos presta mucha atención. Quien nos escucha siempre puede decir que se nos ha ido la olla. Lo que el mundo necesita son herejes jóvenes.

     2. El clima y la gestión de la tierra

Mi primera herejía dice que todo el alboroto sobre el calentamiento global está sacado de proporción. Aquí estoy oponiéndome a la Santa Hermandad de los expertos en modelos climáticos y la multitud de ciudadanos ilusos que creen en los números predichos por los modelos de ordenador. Por supuesto, ellos dicen que no tengo ningún título en climatología y por lo tanto no estoy cualificado para hablar. Pero he estudiado los modelos climáticos y sé lo que pueden hacer. Los modelos resuelven las ecuaciones de dinámica de fluidos, y hacen un buen trabajo en describir los movimientos de fluidos de la atmósfera y los océanos. Hacen sin embargo un trabajo muy pobre en describir las nubes, el polvo, la química y la biología de los campos, granjas y bosques. Ni siquiera empiezan a describir el mundo real en el que vivimos. El mundo real es fangoso y desordenado y lleno de cosas que todavía no entendemos. Es mucho más fácil para un científico sentarse en un edificio con aire acondicionado y ejecutar modelos en el ordenador, que ponerse ropa de invierno y medir lo que está pasando fuera en los pantanos y las nubes. Es por ello que los expertos en modelos climáticos se terminan creyendo sus propios modelos.

No hay duda de que algunas partes del mundo son cada vez más cálidas, pero el calentamiento no es global. No estoy diciendo que el calentamiento no cause problemas. Obviamente lo hace. Obviamente deberíamos estar tratando de entenderlo mejor. Estoy diciendo que los problemas son muy exagerados. Se llevan dinero y atención de otros problemas que son más urgentes y más importantes.

Para entender el movimiento del carbono a través de la atmósfera y la biosfera, tenemos que medir una gran cantidad de números. Para no confundirles voy a explicarles lo que significa solo uno. 0,25 milímetros. Es el aumento del grosor promedio de la biomasa que absorbería todo el carbono que emitimos por la quema de combustibles fósiles. El objetivo de este cálculo es entender la tasa muy favorable de intercambio entre el carbono en la atmósfera y el carbono en el suelo. Para detener el crecimiento del carbono en la atmósfera, sólo necesitamos hacer crecer la biomasa en el suelo en 0,25 milímetros por año. La buena tierra vegetal contiene aproximadamente un diez por ciento de biomasa, [Schlesinger, 1977], lo que significa un incremento de alrededor de 2,5 milímetros de tierra vegetal. Los cambios en las prácticas agrícolas como la siembra directa, evitando el uso del arado, causan que la biomasa crezca al menos tan rápido como eso. Si plantamos cultivos sin arar el suelo, más de la biomasa va a las raíces que permanecen en el suelo, y menos vuelve a la atmósfera. Si utilizamos la ingeniería genética para poner más biomasa en raíces, probablemente podemos lograr un crecimiento mucho más rápido de la capa superior del suelo. Deduzco de este cálculo que el problema del dióxido de carbono en la atmósfera es un problema de gestión de la tierra, no es un problema de meteorología. No hay un modelo informático de la atmósfera y el océano que puede esperar predecir la forma en que vamos a gestionar nuestra tierra.

Cuando escucho los debates públicos sobre el cambio climático, me quedo impresionado por las enormes lagunas en nuestro conocimiento, la escasez de nuestras observaciones y la superficialidad de nuestras teorías. Muchos de los procesos básicos de la ecología planetaria, son poco conocidos. Deben entenderse mejor antes de que podamos llegar a un diagnóstico preciso de la situación actual de nuestro planeta. Cuando estamos tratando de cuidar de un planeta, al igual que cuando estamos cuidando de un paciente humano, las enfermedades deben ser diagnosticados antes de que puedan ser curadas. Tenemos que observar y medir lo que está pasando en la biosfera, en lugar de confiar en modelos informáticos.

Todo el mundo está de acuerdo en que la creciente abundancia de dióxido de carbono en la atmósfera tiene dos consecuencias importantes, en primer lugar un cambio en la física de transporte de radiación en la atmósfera, y en segundo lugar un cambio en la biología de las plantas en la tierra y en el océano. Las opiniones difieren en la importancia relativa de los efectos físicos y biológicos, y de si los efectos, ya sea por separado o en conjunto, son beneficiosos o perjudiciales. Los efectos físicos se ven en los cambios de las precipitaciones, nubosidad, fuerza del viento y temperatura, que están habitualmente agrupados en la engañosa expresión "calentamiento global". En el aire húmedo, el efecto del dióxido de carbono en el transporte de radiación no es importante debido a que el transporte de la radiación térmica ya está bloqueado por el efecto invernadero mucho más grande del vapor de agua. El efecto del dióxido de carbono es importante cuando el aire es seco, y el aire seco sólo es posible cuando está frío. El aire caliente del desierto puede sentirse seco, pero a menudo contiene una gran cantidad de vapor de agua. El efecto de calentamiento del dióxido de carbono es más fuerte donde el aire es frío y seco, sobre todo en el Ártico, en las regiones montañosas y más en invierno que en verano, y sobre todo por la noche en lugar de durante el día. El calentamiento es real, pero está haciendo sobre todo que se calienten los lugares fríos en lugar de hacer los lugares calientes más caliente. Representar este calentamiento local mediante un promedio global es engañoso.

La razón fundamental por la que el dióxido de carbono en la atmósfera es de vital importancia para la biología es que hay muy poco. Un campo de maíz creciendo a plena luz del sol al mediodía utiliza todo el dióxido de carbono dentro de un metro del suelo en unos cinco minutos. Si el aire no fuera constantemente agitado por corrientes de convección y el viento, el maíz dejaría de crecer. Alrededor de una décima parte de todo el dióxido de carbono en la atmósfera se convierte en biomasa cada verano y es devuelto a la atmósfera cada otoño. Es por eso que los efectos de la quema de combustibles fósiles no pueden separarse de los efectos del crecimiento de las plantas y su decaimiento. Hay cinco depósitos de carbono que son biológicamente accesible en un corto plazo de tiempo, sin contar las rocas carbonatadas y el océano profundo, a los que sólo se puede acceder en una escala de tiempo de miles de años. Los cinco depósitos accesibles son la atmósfera, las plantas de la tierra, la capa superior del suelo en la que crecen las plantas de la tierra, la capa superficial del océano en la que crecen las plantas del océano, y nuestras reservas probadas de combustibles fósiles. La atmósfera es el depósito más pequeño y los combustibles fósiles el más grande, pero los cinco tienen un tamaño comparable. Todos ellos interactúan fuertemente entre sí. Para entender cualquiera de ellos, es necesario entenderlos todos.

     3. Los océanos y las edades de hielo

Otro problema que tiene que ser tomado en serio es un lento ascenso del nivel del mar que podría llegar a ser catastrófico si continúa acelerándose. Tenemos mediciones precisas de nivel del mar que se remontan 200 años. Observamos un aumento constante desde 1800 hasta la actualidad, con una aceleración en los últimos cincuenta años. La opinión generalizada es que la reciente aceleración se debe a las actividades humanas, ya que coincide en el tiempo con el rápido aumento de dióxido de carbono en la atmósfera. Pero el aumento de 1800 a 1900, probablemente no se debe a las actividades humanas. La escala de las actividades industriales en el siglo XIX no era lo suficientemente grande como para haber tenido efectos globales cuantificables. Así que una gran parte de la subida observada en el nivel del mar debe tener otras causas. Una posible causa es un reajuste lento de la forma de la Tierra a la desaparición de las capas de hielo del norte al final de la edad de hielo, hace doce mil años. Otra causa posible es la fusión a gran escala de los glaciares, que también comenzaron mucho antes de la influencia humana sobre el clima se convirtiera en significativa. Una vez más, tenemos un peligro ambiental cuya magnitud no se puede predecir hasta que sepamos más sobre sus causas, [Munk, 2002].

La causa posible más alarmante del aumento del nivel del mar sería una rápida desintegración de la capa de hielo de la Antártida Occidental, que es la parte de la Antártida, donde la parte inferior del hielo está muy por debajo del nivel del mar. El calentamiento de los mares alrededor del borde de la Antártida podría erosionar la capa de hielo desde abajo y provocar su colapso en el océano. Si toda la Antártida Occidental se desintegrara rápidamente, el nivel del mar aumentaría en cinco metros, con efectos desastrosos para miles de millones de personas. Sin embargo, las recientes mediciones de la capa de hielo muestran que no está perdiendo volumen lo suficientemente rápido como para hacer una contribución significativa al aumento del nivel del mar observado actualmente. Parece que los mares calentados alrededor de la Antártida están provocando un aumento de las nevadas sobre la capa de hielo, y el aumento de las nevadas en la parte superior anula aproximadamente la disminución del volumen de hielo causada por la erosión en los bordes. Los mismos cambios, aumento del derretimiento del hielo en los bordes y aumento de las nevadas y la adición de hielo en la parte superior, se observan también en Groenlandia. Además, hay un aumento en las nevadas sobre la capa de hielo de la Antártida Oriental, que es mucho más grande y más fría y no está en peligro de fusión. Esta es otra situación en la que no sabemos cuánto del cambio ambiental se debe a las actividades humanas y cuánto a los procesos naturales a largo plazo sobre las que no tenemos control.

Otro peligro ambiental que es incluso peor comprendido es la posibilidad de llegada de una nueva edad de hielo. Una nueva edad de hielo significaría el entierro de la mitad de América del Norte y la mitad de Europa bajo capas de hielo masivas. Sabemos que hay un ciclo natural que ha estado operando durante los últimos 800.000 años. La longitud del ciclo es de cien mil años. En cada período de cien mil años, hay una edad de hielo que dura cerca de noventa mil años, y un periodo interglacial cálido que dura unos diez mil años. Estamos actualmente en un período de calentamiento que comenzó hace doce mil años, por lo que la fecha probable del inicio de la próxima edad de hielo ya está vencida. Si las actividades humanas no estuvieran perturbando el clima, es posible que hubiera comenzado ya una nueva edad de hielo. No sabemos cómo responder a la pregunta más importante: ¿hacen nuestras actividades humanas en general, y nuestro uso de los combustibles fósiles en particular, más probable o menos probable el inicio de la próxima edad de hielo?

Hasta que no se comprendan las causas de las edades de hielo, no podemos saber si el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera está aumentando o disminuyendo el peligro.

     4. El Sahara verde

Mi segunda herejía también tiene que ver con el cambio climático, es el misterio del Sahara verde. En muchos lugares del desierto del Sahara que ahora están secos y despoblados, encontramos pinturas rupestres que muestran las personas con manadas de animales. Las pinturas son abundantes, y algunos de ellos son de alta calidad artística, comparables con las más famosas pinturas rupestres en Francia y España. Las pinturas del Sahara son más recientes que las pinturas rupestres. Vienen en una variedad de estilos y probablemente fueron pintadas en un período de varios miles de años. Las últimas de ellas muestran influencias egipcias y puede ser contemporáneas con las primeras pinturas de las tumbas egipcias. El libro de Henri Lhote, "La búsqueda de los frescos Tassili", [Lhote, 1958], está ilustrado con reproducciones de cincuenta de las pinturas. Las mejores pinturas de manadas datan de hace unos seis mil años. Son una fuerte evidencia de que el Sahara en ese momento era verde. Había suficiente lluvia para permitir rebaños de vacas y jirafas, que deben haber pastado en la hierba y los árboles. También había algunos hipopótamos y elefantes. El Sahara de entonces debe haber sido como el Serengeti de hoy.

Al mismo tiempo, hace aproximadamente seis mil años, había bosques de hoja caduca en el norte de Europa, donde los árboles son ahora coníferas, lo que demuestra que el clima en el extremo norte fue más suave de lo que es hoy. También había árboles creciendo en los valles de montaña en Suiza que ahora están cubiertos por glaciares famosos. Los glaciares que ahora están desapareciendo lentamente eran mucho más pequeños hace seis mil años de lo que lo son hoyHace seis mil años parece haber sido el período más cálido y más húmedo de la era interglacial, que comenzó hace doce mil años, cuando terminó la última glaciación. Me gustaría hacer dos preguntas. En primer lugar, ¿si se permite que el dióxido de carbono en la atmósfera continúe aumentando, vamos a llegar a un clima similar al clima de hace seis mil años, cuando el Sahara era verde? En segundo lugar, ¿si pudiéramos elegir entre el clima de hoy con un Sahara desértico y el clima de hace seis mil años con un Sahara verde, debemos preferir el clima de hoy en día? Mi segunda herejía responde que sí a la primera pregunta y no a la segunda. Dice que el clima cálido de hace seis mil años con el Sáhara verde es preferible, y que el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera puede ayudar a traerlo de vuelta. No estoy diciendo que esta herejía sea cierta. Sólo estoy diciendo que no nos hará ningún daño pensar en ello.

Para concluir llego a mi tercera y última herejía. Mi tercera herejía dice que a Estados Unidos le queda menos de un siglo en su turno como nación más poderosa. Desde que el estado-nación moderno fue inventado en torno al año 1500, una serie de países se han turnado en ser la nación más poderosa, primero España, luego Francia, Gran Bretaña, y Estados Unidos. Cada vez duró unos 150 años. La nuestra se inició en 1920, por lo que debería terminar sobre 2070. La razón por la que el turno de cada nación más poderosa llega a su fin es que se sobre-extiende militar, económica y políticamente. Se requieren esfuerzos cada vez mayores para mantener la posición número uno y finalmente la sobre-extensión llega a ser tan extrema que la estructura colapsa. Ya podemos ver en Estados Unidos algunos claros síntomas de sobre-extensión.

Yo le digo a la próxima generación de jóvenes estudiantes, que todavía estarán vivos en la segunda mitad de nuestro siglo, que las desgracias vienen de camino. Su precioso doctorado, o cualquier grado por el que pasaron largos años de duro trabajo, puede valer menos de lo que piensan. Su formación especializada puede llegar a estar obsoleta. Pueden encontrarse sobre-cualificados para los puestos de trabajo disponibles y pueden ser declarados redundantes. El país y la cultura a la que pertenecen pueden desplazarse lejos de la corriente principal. Pero estas desgracias son también oportunidades. Siempre pueden unirse a los herejes y encontrar otra forma de ganarse la vida. Con o sin un doctorado, hay problemas grandes e importantes para que ellos los resuelvan.

No luches, adaptate


Carta abierta al Secretario General de las Naciones Unidas. 13 Dic. 2007
Su excelencia Ban Ki-Moon Secretario General de las Naciones Unidas, N.Y.

Querido Sr. Secretario General,

Referente a: La conferencia del clima de la ONU dirigiendo al mundo en dirección completamente equivocada

No es posible detener el cambio climático, un fenómeno natural que ha afectado a la humanidad a través de los siglos. Historias geológicas, arqueológicas, orales y escritas, todas dan fe de los dramáticos desafíos que supusieron para las sociedades del pasado los cambios imprevistos en la temperatura, las precipitaciones, los vientos y otras variables climáticas. Por tanto, necesitamos equipar a las naciones a ser resistentes a la gama completa de estos fenómenos naturales mediante la promoción del crecimiento económico y la generación de riqueza.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha emitido conclusiones cada vez más alarmantes sobre las influencias climáticas del dióxido de carbono (CO2) de origen humano, un gas no contaminante que es esencial para la fotosíntesis de las plantas. Si bien entendemos la evidencia que los ha llevado a ver las emisiones de CO2 como perjudiciales, las conclusiones del IPCC son bastante insuficientes como justificación para la aplicación de políticas que disminuyan sensiblemente la prosperidad futura. En particular, no se ha demostrado que sea posible alterar significativamente el clima global a través de recortes en las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Adicionalmente, puesto que los intentos de reducir las emisiones ralentizarán el desarrollo, el enfoque actual de las Naciones Unidas de reducir el CO2 es probable que incremente el sufrimiento humano producido por el cambio climático futuro en lugar de disminuirlo.

Los resúmenes del IPCC para los responsables políticos son los informes del IPCC más leídos entre los políticos y no científicos y son la base para la mayoría de la formulación de políticas de cambio climático. Sin embargo, estos resúmenes son preparados por un equipo relativamente pequeño con los borradores finales aprobados línea por línea por los representantes de gobierno. La gran mayoría de los contribuyentes del IPCC y los revisores, y las decenas de miles de otros científicos que están cualificados para comentar sobre estos asuntos, no están involucrados en la preparación de estos documentos. Los resúmenes por lo tanto, no pueden ser representados adecuadamente como una opinión de consenso entre los expertos.

Contrariamente a la impresión dejada por los informes resumen del IPCC: 
- Observaciones recientes de fenómenos como la retirada de los glaciares, aumento del nivel del mar y la migración de especies sensibles a la temperatura no son evidencia del cambio climático anormal, ya que ninguno de estos cambios se ha demostrado que se encuentran fuera de los límites de la variabilidad natural conocida
- La tasa media de calentamiento de 0,1 a 0. 2 grados Celsius por década registrada por satélites durante el siglo XX cae dentro de las tasas naturales conocidas de calentamiento y enfriamiento durante los últimos 10.000 años
- Destacados científicos, incluyendo algunos altos representantes del IPCC, reconocen que los modelos informáticos de hoy en día no pueden predecir el clima.
En consonancia con esto, y a pesar de las proyecciones por ordenador de los aumentos de temperatura, no ha habido calentamiento global neto desde 1998. Que la meseta de temperatura actual sigue a un período de finales del siglo XX de calentamiento es consistente con la continuación hoy de los ciclos naturales multidecadales o milenarios.

En marcado contraste con la afirmación tantas veces repetida de que la ciencia del cambio climático está "establecida", una nueva investigación significativa revisada por pares ha puesto aún más en duda la hipótesis del calentamiento global peligroso causado por el hombre. Pero debido a que los grupos de trabajo del IPCC fueron generalmente instruidos (ver http://ipcc-wg1.ucar.edu/wg1/docs/ wg1_timetable_2006-08-14.pdf) para considerar trabajos publicados sólo hasta mayo de 2005, estos hallazgos importantes no están incluidos en sus informes; es decir, los informes de evaluación del IPCC ya están materialmente obsoletos.

La conferencia sobre el clima de la ONU en Bali se ha planeado para llevar al mundo a lo largo de un camino de severas restricciones de CO2, haciendo caso omiso de las lecciones aparentes desde el fracaso del Protocolo de Kyoto, la naturaleza caótica del mercado de comercio de CO2 de Europa, y la ineficacia de otras iniciativas costosas para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero. Los análisis equilibrados de coste/beneficio no proporcionan apoyo a la introducción de medidas globales para limitar y reducir el consumo de energía con el fin de restringir las emisiones de CO2. Por otra parte, es irracional aplicar el "principio de precaución" porque muchos científicos reconocen que ambos enfriamientos y calentamientos climáticos son posibilidades realistas sobre el futuro a medio plazo.

El enfoque actual de la ONU sobre "la lucha contra el cambio climático", como se ilustra en el Informe del 27 de noviembre del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano, está distrayendo a los gobiernos de adaptarse a la amenaza de los inevitables cambios climáticos naturales, sea cual sea las formas que puedan tomar. Es necesaria una planificación nacional e internacional para tales cambios, con un enfoque en ayudar a nuestros ciudadanos más vulnerables a adaptarse a las condiciones que se avecinan. Los intentos para prevenir que se produzca el cambio climático global son en última instancia inútiles, y constituyen una trágica mala asignación de los recursos que se gastarían mejor en los problemas reales y urgentes de la humanidad.

Atentamente, [Lista de firmantes abajo]

Copia a: Jefes de Estado de los países de las personas firmantes.

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Don Aitkin, PhD, Professor, social scientist, retired vice-chancellor and president, University of Canberra, Australia

William J.R. Alexander, PhD, Professor Emeritus, Dept. of Civil and Biosystems Engineering, University of Pretoria, South Africa; Member, UN Scientific and Technical Committee on Natural Disasters, 1994-2000

Bjarne Andresen, PhD, physicist, Professor, The Niels Bohr Institute, University of Copenhagen, Denmark

Geoff L. Austin, PhD, FNZIP, FRSNZ, Professor, Dept. of Physics, University of Auckland, New Zealand

Timothy F. Ball, PhD, environmental consultant, former climatology professor, University of Winnipeg

Ernst-Georg Beck, Dipl. Biol., Biologist, Merian-Schule Freiburg, Germany

Sonja A. Boehmer-Christiansen, PhD, Reader, Dept. of Geography, Hull University, U.K.; Editor, Energy & Environment journal

Chris C. Borel, PhD, remote sensing scientist, U.S.

Reid A. Bryson, PhD, DSc, DEngr, UNE P. Global 500 Laureate; Senior Scientist, Center for Climatic Research; Emeritus Professor of Meteorology, of Geography, and of Environmental Studies, University of Wisconsin

Dan Carruthers, M.Sc., wildlife biology consultant specializing in animal ecology in Arctic and Subarctic regions, Alberta

R.M. Carter, PhD, Professor, Marine Geophysical Laboratory, James Cook University, Townsville, Australia

Ian D. Clark, PhD, Professor, isotope hydrogeology and paleoclimatology, Dept. of Earth Sciences, University of Ottawa

Richard S. Courtney, PhD, climate and atmospheric science consultant, IPCC expert reviewer, U.K.

Willem de Lange, PhD, Dept. of Earth and Ocean Sciences, School of Science and Engineering, Waikato University, New Zealand

David Deming, PhD (Geophysics), Associate Professor, College of Arts and Sciences, University of Oklahoma

Freeman J. Dyson, PhD, Emeritus Professor of Physics, Institute for Advanced Studies, Princeton, N.J.

Don J. Easterbrook, PhD, Emeritus Professor of Geology, Western Washington University

Lance Endersbee, Emeritus Professor, former dean of Engineering and Pro-Vice Chancellor of Monasy University, Australia

Hans Erren, Doctorandus, geophysicist and climate specialist, Sittard, The Netherlands

Robert H. Essenhigh, PhD, E.G. Bailey Professor of Energy Conversion, Dept. of Mechanical Engineering, The Ohio State University

Christopher Essex, PhD, Professor of Applied Mathematics and Associate Director of the Program in Theoretical Physics, University of Western Ontario

David Evans, PhD, mathematician, carbon accountant, computer and electrical engineer and head of 'Science Speak,' Australia

William Evans, PhD, editor, American Midland Naturalist; Dept. of Biological Sciences, University of Notre Dame

Stewart Franks, PhD, Professor, Hydroclimatologist, University of Newcastle, Australia

R. W. Gauldie, PhD, Research Professor, Hawai'i Institute of Geophysics and Planetology, School of Ocean Earth Sciences and Technology, University of Hawai'i at Manoa

Lee C. Gerhard, PhD, Senior Scientist Emeritus, University of Kansas; former director and state geologist, Kansas Geological Survey

Gerhard Gerlich, Professor for Mathematical and Theoretical Physics, Institut fur Mathematische Physik der TU Braunschweig, Germany

Albrecht Glatzle, PhD, sc.agr., Agro-Biologist and Gerente ejecutivo, INTTAS, Paraguay

Fred Goldberg, PhD, Adjunct Professor, Royal Institute of Technology, Mechanical Engineering, Stockholm, Sweden

Vincent Gray, PhD, expert reviewer for the IPCC and author of The Greenhouse Delusion: A Critique of 'Climate Change 2001,Wellington, New Zealand

William M. Gray, Professor Emeritus, Dept. of Atmospheric Science, Colorado State University and Head of the Tropical Meteorology Project

Howard Hayden, PhD, Emeritus Professor of Physics, University of Connecticut

Louis Hissink MSc, M.A.I.G., editor, AIG News, and consulting geologist, Perth, Western Australia

Craig D. Idso, PhD, Chairman, Center for the Study of Carbon Dioxide and Global Change, Arizona

Sherwood B. Idso, PhD, President, Center for the Study of Carbon Dioxide and Global Change, AZ, USA

Andrei Illarionov, PhD, Senior Fellow, Center for Global Liberty and Prosperity; founder and director of the Institute of Economic Analysis

Zbigniew Jaworowski, PhD, physicist, Chairman -Scientific Council of Central Laboratory for Radiological Protection, Warsaw, Poland

Jon Jenkins, PhD, MD, computer modelling -virology, NSW, Australia

Wibjorn Karlen, PhD, Emeritus Professor, Dept. of Physical Geography and Quaternary Geology, Stockholm University, Sweden

Olavi Karner, Ph.D., Research Associate, Dept. of Atmospheric Physics, Institute of Astrophysics and Atmospheric Physics, Toravere, Estonia

Joel M. Kauffman, PhD, Emeritus Professor of Chemistry, University of the Sciences in Philadelphia

David Kear, PhD, FRSNZ, CMG, geologist, former Director-General of NZ Dept. of Scientific & Industrial Research, New Zealand

Madhav Khandekar, PhD, former research scientist, Environment Canada; editor, Climate Research (2003-05); editorial board member, Natural Hazards; IPCC expert reviewer 2007

William Kininmonth M.Sc., M.Admin., former head of Australia's National Climate Centre and a consultant to the World Meteorological organization's Commission for Climatology

Jan J.H. Kop, MSc Ceng FICE (Civil Engineer Fellow of the Institution of Civil Engineers), Emeritus Prof. of Public Health Engineering, Technical University Delft, The Netherlands

Prof. R.W.J. Kouffeld, Emeritus Professor, Energy Conversion, Delft University of Technology, The Netherlands

Salomon Kroonenberg, PhD, Professor, Dept. of Geotechnology, Delft University of Technology, The Netherlands 

Hans H.J. Labohm, PhD, economist, former advisor to the executive board, Clingendael Institute (The Netherlands Institute of International Relations), The Netherlands

The Rt. Hon. Lord Lawson of Blaby, economist; Chairman of the Central Europe Trust; former Chancellor of the Exchequer, U.K.

Douglas Leahey, PhD, meteorologist and air-quality consultant, Calgary

David R. Legates, PhD, Director, Center for Climatic Research, University of Delaware

Marcel Leroux, PhD, Professor Emeritus of Climatology, University of Lyon, France; former director of Laboratory of Climatology, Risks and Environment, CNRS

Bryan Leyland, International Climate Science Coalition, consultant and power engineer, Auckland, New Zealand William Lindqvist, PhD, independent consulting geologist, Calif.

Richard S. Lindzen, PhD, Alfred P. Sloan Professor of Meteorology, Dept. of Earth, Atmospheric and Planetary Sciences, Massachusetts Institute of Technology

A.J. Tom van Loon, PhD, Professor of Geology (Quaternary Geology), 

Adam Mickiewicz University, Poznan, Poland; former President of the European Association of Science Editors

Anthony R. Lupo, PhD, Associate Professor of Atmospheric Science, Dept. of Soil, Environmental, and Atmospheric Science, University of Missouri-Columbia 

Richard Mackey, PhD, Statistician, Australia

Horst Malberg, PhD, Professor for Meteorology and Climatology, Institut fur Meteorologie, Berlin, Germany

John Maunder, PhD, Climatologist, former President of the Commission for Climatology of the World Meteorological Organization (89-97), New Zealand

Alister McFarquhar, PhD, international economy, Downing College, Cambridge, U.K.

Ross McKitrick, PhD, Associate Professor, Dept. of Economics, University of Guelph

John McLean, PhD, climate data analyst, computer scientist, Australia

Owen McShane, PhD, economist, head of the International Climate Science Coalition; Director, Centre for Resource Management Studies, New Zealand

Fred Michel, PhD, Director, Institute of Environmental Sciences and Associate Professor of Earth Sciences, Carleton University

Frank Milne, PhD, Professor, Dept. of Economics, Queen's University

Asmunn Moene, PhD, former head of the Forecasting Centre, Meteorological Institute, Norway

Alan Moran, PhD, Energy Economist, Director of the IPA's Deregulation Unit, Australia

Nils-Axel Morner, PhD, Emeritus Professor of Paleogeophysics & Geodynamics, Stockholm University, Sweden

Lubos Motl, PhD, Physicist, former Harvard string theorist, Charles University, Prague, Czech Republic

John Nicol, PhD, Professor Emeritus of Physics, James Cook University, Australia

David Nowell, M.Sc., Fellow of the Royal Meteorological Society, former chairman of the NATO Meteorological Group, Ottawa

James J. O'Brien, PhD, Professor Emeritus, Meteorology and Oceanography, Florida State University

Cliff Ollier, PhD, Professor Emeritus (Geology), Research Fellow, University of Western Australia

Garth W. Paltridge, PhD, atmospheric physicist, Emeritus Professor and former Director of the Institute of Antarctic and Southern Ocean Studies, University of Tasmania, Australia

R. Timothy Patterson, PhD, Professor, Dept. of Earth Sciences (paleoclimatology), Carleton University

Al Pekarek, PhD, Associate Professor of Geology, Earth and Atmospheric Sciences Dept., St. Cloud State University, Minnesota

Ian Plimer, PhD, Professor of Geology, School of Earth and Environmental Sciences, University of Adelaide and Emeritus Professor of Earth Sciences, University of Melbourne, Australia

Brian Pratt, PhD, Professor of Geology, Sedimentology, University of Saskatchewan

Harry N.A. Priem, PhD, Emeritus Professor of Planetary Geology and Isotope Geophysics, Utrecht University; former director of the Netherlands Institute for Isotope Geosciences

Alex Robson, PhD, Economics, Australian National University

Colonel F.P.M. Rombouts, Branch Chief -Safety, Quality and Environment, Royal Netherland Air Force

R.G. Roper, PhD, Professor Emeritus of Atmospheric Sciences, School of Earth and Atmospheric Sciences, Georgia Institute of Technology

Arthur Rorsch, PhD, Emeritus Professor, Molecular Genetics, Leiden University, The Netherlands

Rob Scagel, M.Sc., forest microclimate specialist, principal consultant, Pacific Phytometric Consultants, B.C.

Tom V. Segalstad, PhD, (Geology/Geochemistry), Head of the Geological Museum and Associate Professor of Resource and Environmental Geology, University of Oslo, Norway

Gary D. Sharp, PhD, Center for Climate/Ocean Resources Study, Salinas, CA

S. Fred Singer, PhD, Professor Emeritus of Environmental Sciences, University of Virginia and former director Weather Satellite Service

L. Graham Smith, PhD, Associate Professor, Dept. of Geography, University of Western Ontario

Roy W. Spencer, PhD, climatologist, Principal Research Scientist, Earth System Science Center, The University of Alabama, Huntsville

Peter Stilbs, TeknD, Professor of Physical Chemistry, Research Leader, School of Chemical Science and Engineering, KTH(Royal Institute of Technology), Stockholm, Sweden

Hendrik Tennekes, PhD, former director of research, Royal Netherlands Meteorological Institute

Dick Thoenes, PhD, Emeritus Professor of Chemical Engineering, Eindhoven University of Technology, The Netherlands

Brian G Valentine, PhD, PE (Chem.), Technology Manager -Industrial Energy Efficiency, Adjunct Associate Professor of Engineering Science, University of Maryland at College Park; Dept of Energy, Washington, DC

Gerrit J. van der Lingen, PhD, geologist and paleoclimatologist, climate change consultant, Geoscience Research and Investigations, New Zealand

Len Walker, PhD, Power Engineering, Australia

Edward J. Wegman, PhD, Department of Computational and Data Sciences, George Mason University, Virginia

Stephan Wilksch, PhD, Professor for Innovation and Technology Management, Production Management and Logistics, University of Technolgy and Economics Berlin, Germany

Boris Winterhalter, PhD, senior marine researcher (retired), Geological Survey of Finland, former professor in marine geology, University of Helsinki, Finland

David E. Wojick, PhD, P.Eng., energy consultant, Virginia Raphael Wust, PhD, Lecturer, Marine Geology/Sedimentology, James Cook University, Australia

A. Zichichi, PhD, President of the World Federation of Scientists, Geneva, Switzerland; Emeritus Professor of Advanced Physics, University of Bologna, Italy

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No busquéis ningún científico español en la lista. No lo hay. El gobierno de España en diciembre de 2007 no recibió esta carta.
 
Fuentes:
 

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